No temas el final, todas las cosas lo tienen.

Siempre me pregunte que te hacia especial. Siempre.

Te querido hasta el dolor y, aun después de estos meses, eres complicado de olvidar. No por todas las canciones que decías que hablaban de los dos, no por los planes o las conversaciones absurdas que tanto me hacían sonreír. No son los recuerdos. Es solo una inexplicable sensación de abstinencia.

Y ahora, justo cuando todo empezaba ser más… más normal. Aparece esta carta en el buzón. Hará unos meses cuando dejaste claro que era el final te pedí una carta de despedida… supongo que fue un error.

No temas el final, todas las cosas lo tienen; y nosotros no vamos a ser una excepción, ya lo hemos sido para demasiadas cosas.

No persigas culpables, no crees escusas, no fue culpa tuya. También sabes que no puedo decirte que fue mía. Estábamos condenados desde un principio, tú eras una firme y bella escultura de hielo de museo y yo una oscilante hoguera de historias por contar. Éramos inestables, incompatibles y jodidamente perfectos.

No te preguntes si fue un error, porque lo fue. Pero fue uno de esos que merecen la pena cometer y sobre todo recordar. No sonrías si lo que deseas es llorar, pero permite que alguien te seque las lágrimas. No te sumerjas en un eterno otoño por mi culpa, pero tampoco huyas de él, sé que, con el tiempo, alguien te encontrará un soleado día de mayo y tendrá la valentía de preferir tu sonrisa a cualquier cosa de este mundo.

No creas que fuiste una página más en el libro que es mi vida, porque tú fuiste durante mucho tiempo el único motivo para seguir escribiendo. Y cuando las paginas se tornaron oscuras y difíciles de leer, siempre encontré a tu lado consuelo. Me has curado muchas más veces de las que me has herido, y siento que nunca te compens(é) por ello.

Sobre todo, no me olvides. Ahora todo lo que fuimos y todo lo que ignorábamos que podíamos ser es un recuerdo. Y de cada uno de nosotros depende cuidarlo con cuidado, para que no se manche de despecho u odio, para que el “ojalá” no lo vuelva realidad, para que el tiempo no le robe el color. Así cuando el mundo te hable de mí, podrás sonreír como sonreías al oír esa canción que tanto te gustaba y tanta vergüenza te daba cantar. Nunca fuiste buena disimulando.

Por mi parte, no te olvidare. Seguiré haciendo lo de siempre, crear historias y contarlas. Pero hoy, es la tuya, la que brilla sobre todas las demás, y puede que algún día, en un futuro, sea la mejor historia que pueda contar.

Tal vez en otro momento, en otra vida esta carta sería un anillo, pero el destino me obligado a despedirme. A despedirme, pero no a olvidarte.

¿Por qué te pediría esta carta? ¿Por qué no me pareció suficiente el dolor que me hiciste al irte? ¿Cómo has conseguido robarme una última sonrisa mientras las lágrimas me caen por las mejillas? ¿Cómo tienes el valor de pedirme que no te olvide? ¿Cómo lo voy a hacer después de todo?

-eMe-

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