Oscurantismo

Siento una profunda admiración por todo aquello que no es explicito. Una atracción que no siento ante la realidad o ante la inquisitoria certeza con la que solemos valorar la verdad. Siempre me ha parecido mucho más impresionantes los pequeños rayos de luz que cruzan las hojas de un árbol mecido por el viento de una tarde calurosa de mayo, que el árbol o el sol en sí mismos.

Este amor por la incerteza me llevo a poder ver atisbos de intención detrás de cada “es broma”, ver el sufrimiento de unos ojos después de un “estoy bien”, ver un “te quiero” en como te traen un café. Destellos de magnanimidad y trascendencia hechos para leerse entre líneas, para ser insinuantes indirectas.

Creo que odio lo explícito, es aburrido. Hace que todo se tiña de trivialidad, de obviedad, de lógica. Destruye la belleza de no poder abarcarlo todo, mata la insinuación que deja ese maravilloso sabor de boca que tiene el querer más. Cualquier cosa explicada o descrita con su cruda realidad, no es sinceridad. Es exhibicionismo. Y me da igual que sean brillantes ideales o sueños deales, faldas demasiado cortas o camisetas demasiado ajustadas. Lo siento, de veras, pero si las personas me cuentan o muestran todo, si no mantienen el misterio, no me interesan lo más minino.

Y por increíble que parezca, busco la verdad. Pero sin querer encontrarla, con el mismo sentimiento que te inunda el leer un buen libro y saber que se va a terminar. Busco la verdad, la amo, pero me impongo una oscuridad deliberada como ya hizo Kant con toda su obra. Es, supongo, mi acto de rebeldía ante la mediocridad que me rodea, y rodea a cada persona. Un último soplo de romanticismo con el que intento justificar el porqué no me importa estar vivo.

Pienso que la belleza puede justificar todo, que es el más importante de los tres trascendentales. Que la maldad puede ser tremendamente bella, que la mentira puede ser igual de bella que la verdad que oculta, que la belleza puede ser absolutamente inútil, pero nunca es explicita.

En resumen, creo que he comprendido el motivo más alto que me lleva a creer en Dios. Que la verdad más bella esta oculta deliberadamente en un completo misterio, en un enorme mar de incertidumbre. Haciendo de Dios un escritor de renglones torcidos, y convirtiéndole en el autor de la primera y más perfecta historia de oscurantismo literario.

 

 

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