El invierno de mi primavera

 



¿Y ahora qué haremos con la primavera? Fue la frase de despedida mientras enterrábamos el futuro bajo la distancia de tu sonrisa a mi cuello. Mientras quemábamos las fotos, no porque saliéramos nosotros, sino por si acaso algún día el recuerdo volviera , que no encontrara pruebas con las que echarnos en cara lo que nos quisimos. Y aún en el precipicio de dos caminos separados, estábamos nosotros, como unos tontos sin soltarnos la mano.

Tus faldas de vuelo serán para otro, el rojo de tus labios  ya no vestirá mi cuello, y no será de mi cerveza de donde robarás sorbos. Mis versos tendrán por mecenas nuevos besos y de las correas de mi locura se atará otra bella sonrisa. Y lo nuestro será eso, siete letras sin ningún significado. Porque yo usé toda la valentía en decirte que no era el momento en vez de gastarla en robarte besos, en concreto cuando volvíamos a casa y tu sonrisa hacía que tuvieras la defensa baja. Y tu abrazo llegó con el no es justo, tal vez, demasiado tarde, y el adiós fue el veredicto más precipitado que he creado.

El tiempo no pasó, solo hacía que las cosas no ocurrieran todas a la vez y por su lado la distancia siempre fue poca para olvidarnos e insalvable para querernos. Llegó el invierno y aunque prometimos habernos olvidado para cuando llegara, un día nos preguntamos si ya todo era pasado; ella mostró una foto doblada de los dos, y yo estiré una servilleta donde escribí el primer beso que nos dimos;
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